Test Drive

Más allá de los límites

Test Drive histórico: Jeep Wrangler Rubicon

Esta serie de trabajos de Test Drive / Impresiones de Manejo se enriquece en esta oportunidad con el modelo que simboliza la quintaesencia del offroad.
18.06.2015 19:15

Es una marca diferente. Pensar en Jeep es pensar en un tipo de vehículo único en el mundo, cargado de una rica historia universal.

Por cierto que los tiempos han cambiado y la evolución natural transformó a la marca en una línea de productos refinados y de alta gama. Pero también es verdad que bajo esa apariencia distinguida, se ocultan algunos de los conceptos fundamentales que le dieron origen y que continúan presentes como un precioso legado de sus ancestros.

Tal es así que resulta sorprendente ver por ejemplo a la Grand Cherokee con todo su garbo trepando una rampa con más de 10 metros de altura. O la elegancia de la Compass sumergida en el barro hasta el paragolpes, atravesando lodazales sin ningún tipo de inconvenientes.

Pero a lo largo de esa historia, la marca se ha preocupado por perpetuar aquella vieja estirpe del Jeep original en uno de sus modelos. Y, como no podía ser de otro modo, la línea Wrangler es quien carga con esa responsabilidad.

Sentarse al volante de este vehículo inevitablemente genera una emoción intensa. Porque si bien, al igual que sus hermanos, tiene un equipamiento de alta gama, se diferencia de ellos por su aspecto retro que anuncia a los cuatro vientos que es un pura sangre con pedigree todoterreno. Elementos como el parabrisas pequeño y casi vertical, las bisagras externas de las puertas fijadas con remaches, las trabas del capó y los faros redondos a los lados de la característica parrilla frontal, son entre otros y en buena medida quienes reafirman su condición.

Es imponente en el real sentido de la palabra, pues además del diseño, sus 4,71 mts. de largo, 1,873 de ancho y los casi 1,90 de altura, así lo determinan. Pesa más de 1.900 kg. y tiene llantas de aleación con 5 rayos anchos, calzadas con neumáticos P245/75R17.

Lógicamente tiene un amplio despeje respecto al piso, por lo cual la altura, para quienes no fuimos dotados de una gran estatura, requiere hacer gala de cierta elasticidad para poder subir. Pero una vez ubicados, resulta fácil encontrar una posición cómoda para manejar, de por sí alta, y disfrutando de un ambiente muy confortable.

Aquí componentes tales como el volante multifunción, levantavidrios eléctricos, control de tracción, asistente para el descenso en pendiente y un potente equipo de sonido, con un voluminoso subwoofer trasero, conviven con el techo de lona y las barras de protección, perfectamente revestidas con un material acolchonado.

La planta motriz consiste en el reconocido motor 3.6 litros, con seis cilindros en V, 24 válvulas, que puede liberar 290 HP de potencia. La transmisión de esa fuerza pasa por una caja automática de cinco velocidades, con opción secuencial desde la misma palanca.

El resultado que ofrece todo ese conjunto es de excelencia. Sobre el asfalto, sorprende la suavidad de marcha y la docilidad a la hora de maniobrar, a pesar de su gran tamaño. También es importante mencionar el magnífico comportamiento de la caja de cambios, con transiciones imperceptibles y una notable velocidad de respuesta cuando se requiere más potencia.

Y cabe destacar el silencio reinante, teniendo en cuenta que el techo es una capota de lona. En gran medida, mérito del leve susurro que produce el motor.

Solamente por encima de los 120 km/h comienza a sentirse el sonido del viento que roza por arriba, pero que nunca resulta molesto.

Naturalmente, para probar de verdad una Jeep Wrangler, tuvimos que ensuciarla. Al principio, sobre los arenales de la zona de El Fortín, con el selector de la doble tracción en alta, se comportó con tanta facilidad que hasta parecía un divertimento para todo su potencial.

Después, frente a bañados extensos y complejos, nos pusimos más serios. Desplazando la palanca hacia atrás se activa el sistema 4x4 pero ahora en relación de baja, y automáticamente, se desconecta el control de tracción.

Y allá fuimos. Barro y agua parecían cubrir por completo a la Rubicon, pero motor y caja se adecuaron perfectamente a la situación y, una tras otra, superamos con soltura todas las dificultades.

Es lógico pensar que además de tener un vehículo de estas características y para poder disfrutar de todos sus atributos es necesario contar con una instrucción básica para saber de qué forma se debe utilizar y cómo manejarlo.

Pero la sensación final, terminadas las pruebas y después del paso obligado por el lavadero, es de una calma infinita.

Es algo así como transitar por la vida sintiéndose capaz de ejercer el control sobre una máquina superpoderosa, preparada para todo.

La Wrangler Unlimited Rubicon no sabe de límites. Nada la detiene.

Luis Piedra Cueva - Informe publicado el 21/05/2014

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